Gracias a los Filósofos de pacotilla que con nuevas teorías nos han revelado la verdad: que dios se encuentra indefinidamente de vacaciones, que el hombre ha prescindido de la máxima cartesiana "cogito, ergo sum" para ser fieles discípulos del "compro, luego existo" (gracias Lupita Loaeza por tu excelente libro) mandando al carajo la grandeza del espíritu humano, y que la razón solo es un producto que se puede adquirir en el mercado a un precio muy alto, eso en el remoto caso que amanezcamos sintiéndonos ligeramente excéntricos
Gracias a los Poetas de azotea que encuentran su inspiración tomándose una cerveza frente a un tendedero lleno de ropa que ondula al capricho del viento como las aguas cristalinas de Cancún. Sin ellos seria imposible comprender la belleza intrínseca de cuatro seres difusos que a brazo partido lavan ropa ajena mientras intercambian los por menores de la novela de las 9:00, y una quinta despedaza un bolero a grito pelado.
Gracias a los Príncipes de la Iglesia Católica por haber tenido la brillantísima idea de convertir a Juan Pablo II en su marca registrada más valiosa, implementando el más agresivo merchandising del que se tenga memoria desde la santa inquisición, y que ha tenido como resultado que dicho personaje supere en las encuestas de popularidad hasta a su propio JEFE. Burócratas de Dios que se han empeñado en desvirtuar un mensaje por demás perfecto, en aras de un poder temporal, poseedores de una franquicia divina encargada de distribuir y vender la única verdad al mejor postor, sumiendo en el conformismo al resto de su congregación (porque estar jodido está bien visto por dios).
Gracias a las Modelos Prêt-à-porter que rinden culto a la anorexia, a la vanidad y al dinero, santísima trinidad de las pasarelas; ellas, que cuando caen en el pecado de la carne (y una buena ración de papas de un tal señor McDonals), encuentran penitencia en auto impuestos sacrificios bulímicos.
Gracias a Al Ries y Jack Trout, gurùs del Marketing, por hacernos ver que en el podium mental solo hay tres lugares, lo que convierte a África en el gran olvidado del siglo xx (eso hace que nos sintamos más tranquilos). Aunque pensándolo bien, si mandásemos a las modelo arriba mencionadas, nada echarían de menos, de todas formas ya están muertas de hambre.
Gracias a los Economistas de alquiler que, al más claro estilo Harry Potter, han transmutado el neoliberalismo en el sistema feudal del siglo xxi, avasallándonos ante los poderosos amos y señores transnacionales, a los que debemos pagar el tributo de un consumismo desmedido.
Gracias a los Políticos uniformados de Hugo Boss, auténticos alquimistas de la mentira, en busca del discurso titulado “Pobres: ecuación resuelta” que sirva como venda de seda (pa’que no raspe) mientras hacen las anotaciones correspondientes en sus agendas de piel Hermes. Seres oscuros que aprovechan la luz sublime de los gobernados para presentarse como auténticos salvadores de su nación, pero que refugiados en la sombra de sus cubiles, le ponen precio a la fe que en ellos depositaron (preferentemente una cifra de 10 dígitos, y en euros porque el dólar ya paso de moda).
Gracias a los Periodistas rosas, que en su interés de presentar información objetiva y concisa, fungen de modelo educativo para tus hijos, con cátedras de banalidad y pedantería impartidas por un Jet Set decadente e insufrible (¿alguna vez dejaron de serlo?). Noticias con tintes de falsa moralidad perfumada con Chanel N. 5 y ediciones comentadas del Big Brother para que tu tesoro de 14 años aprenda a echarse un rapidìn con el novio de turno en el sofá de tu sala sin que te afectes en lo más mínimo.
Gracias a los Narcos, que en su labor desinteresada, nos brindan, por una módica donación, la posibilidad de fumarnos de un jalón la felicidad, quitándonos de encima el peso de una existencia que nos exige cada día más de nosotros mismos. Ellos, que encapsulan mundos sublimes, están dispuestos a ponerle un alto a todos aquellos que interfieran con la búsqueda de tu yo interno.
Gracias a George Orwell por regalarnos el fantástico 1984, en un intento por abrirle los ojos a nuestros padres y abuelos, ciegos creyentes de una civilización apoteósica en el siglo xxi, en donde las máquinas realizarían todos nuestros caprichos y trabajos mientras nosotros nos dedicaríamos a labores más intelectuales bajo un cielo azul reflejado en los metálicos y cristalinos edificios de mega ciudades futurísticas tipo Supersónicos de Hanna Barbera. Nuestra sociedad distópica se ha encargado de cambiar este texto profético en los estantes de las bibliotecas, de novela política a cuento de hadas. Créanme, a cualquier profecía que le llega el momento siempre se ve ampliamente superada por la realidad. Tus hijos se reirán de la tortura a la que se ve sometido Winston Smith después de haber visto Masacre de Texas.
Gracias al resto de los mortales que no han sido mencionados (y en los que estoy incluido), que en su afán de dominar a la naturaleza, se ha convertido en una mancha que todo lo contamina, autentica plaga que azota un planeta que ya se está cabreando y amenaza con desheredar a su criatura predilecta, negándole el privilegio de la inmortalidad de la especie.
A todos nosotros, gracias, mil gracias
Gracias a los Poetas de azotea que encuentran su inspiración tomándose una cerveza frente a un tendedero lleno de ropa que ondula al capricho del viento como las aguas cristalinas de Cancún. Sin ellos seria imposible comprender la belleza intrínseca de cuatro seres difusos que a brazo partido lavan ropa ajena mientras intercambian los por menores de la novela de las 9:00, y una quinta despedaza un bolero a grito pelado.
Gracias a los Príncipes de la Iglesia Católica por haber tenido la brillantísima idea de convertir a Juan Pablo II en su marca registrada más valiosa, implementando el más agresivo merchandising del que se tenga memoria desde la santa inquisición, y que ha tenido como resultado que dicho personaje supere en las encuestas de popularidad hasta a su propio JEFE. Burócratas de Dios que se han empeñado en desvirtuar un mensaje por demás perfecto, en aras de un poder temporal, poseedores de una franquicia divina encargada de distribuir y vender la única verdad al mejor postor, sumiendo en el conformismo al resto de su congregación (porque estar jodido está bien visto por dios).
Gracias a las Modelos Prêt-à-porter que rinden culto a la anorexia, a la vanidad y al dinero, santísima trinidad de las pasarelas; ellas, que cuando caen en el pecado de la carne (y una buena ración de papas de un tal señor McDonals), encuentran penitencia en auto impuestos sacrificios bulímicos.
Gracias a los Economistas de alquiler que, al más claro estilo Harry Potter, han transmutado el neoliberalismo en el sistema feudal del siglo xxi, avasallándonos ante los poderosos amos y señores transnacionales, a los que debemos pagar el tributo de un consumismo desmedido.
Gracias a los Políticos uniformados de Hugo Boss, auténticos alquimistas de la mentira, en busca del discurso titulado “Pobres: ecuación resuelta” que sirva como venda de seda (pa’que no raspe) mientras hacen las anotaciones correspondientes en sus agendas de piel Hermes. Seres oscuros que aprovechan la luz sublime de los gobernados para presentarse como auténticos salvadores de su nación, pero que refugiados en la sombra de sus cubiles, le ponen precio a la fe que en ellos depositaron (preferentemente una cifra de 10 dígitos, y en euros porque el dólar ya paso de moda).
Gracias a los Periodistas rosas, que en su interés de presentar información objetiva y concisa, fungen de modelo educativo para tus hijos, con cátedras de banalidad y pedantería impartidas por un Jet Set decadente e insufrible (¿alguna vez dejaron de serlo?). Noticias con tintes de falsa moralidad perfumada con Chanel N. 5 y ediciones comentadas del Big Brother para que tu tesoro de 14 años aprenda a echarse un rapidìn con el novio de turno en el sofá de tu sala sin que te afectes en lo más mínimo.
Gracias a los Narcos, que en su labor desinteresada, nos brindan, por una módica donación, la posibilidad de fumarnos de un jalón la felicidad, quitándonos de encima el peso de una existencia que nos exige cada día más de nosotros mismos. Ellos, que encapsulan mundos sublimes, están dispuestos a ponerle un alto a todos aquellos que interfieran con la búsqueda de tu yo interno.
Gracias a George Orwell por regalarnos el fantástico 1984, en un intento por abrirle los ojos a nuestros padres y abuelos, ciegos creyentes de una civilización apoteósica en el siglo xxi, en donde las máquinas realizarían todos nuestros caprichos y trabajos mientras nosotros nos dedicaríamos a labores más intelectuales bajo un cielo azul reflejado en los metálicos y cristalinos edificios de mega ciudades futurísticas tipo Supersónicos de Hanna Barbera. Nuestra sociedad distópica se ha encargado de cambiar este texto profético en los estantes de las bibliotecas, de novela política a cuento de hadas. Créanme, a cualquier profecía que le llega el momento siempre se ve ampliamente superada por la realidad. Tus hijos se reirán de la tortura a la que se ve sometido Winston Smith después de haber visto Masacre de Texas.
Gracias al resto de los mortales que no han sido mencionados (y en los que estoy incluido), que en su afán de dominar a la naturaleza, se ha convertido en una mancha que todo lo contamina, autentica plaga que azota un planeta que ya se está cabreando y amenaza con desheredar a su criatura predilecta, negándole el privilegio de la inmortalidad de la especie.
A todos nosotros, gracias, mil gracias
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