El ritmo trepidante de la vida moderna impide solicitarnos un instante de introspección, ese instante en el que el deseo y la libertad se conjugan para descubrir que somos más que un segmento de mercado en el implacable consumismo que nos devora (aunque eso sea lo que piensen los medios de comunicación): somos voluntad. Y son el deseo y la libertad características esenciales de la Literatura. Porque en la Literatura se han llevar a cabo dos actos para ser tal: el acto de escribir y el acto de leer. Escribir o leer dependen directamente del deseo y de la libertad. El escribir, de carácter eminentemente propositivo, nace de la vocación innata de crear y descubrir del ser humano. El leer solo refleja la imperiosa necesidad de entender el mundo que le rodea y de entenderse a si mismo; que lector no ha llorado, reído o se ha angustiado con un personaje -real o ficticio- apropiándose de estos sentimientos como si fuesen propios, que escritor no ha tratado de imprimir al héroe –por insignificante que este ultimo sea- un rasgo positivo de su personalidad, o ha exorcizado algunos de sus demonios con el antagonista. Escritor y lector, sin ese acuerdo tácito de coexistencia, simbiosis que da vida a la Literatura, no cumplen ningún propósito. El escritor necesita del deseo de volcar sus palabras en papel, de la libertad suficiente para hacerlo, y del lector para ver realizado su oficio. Sin ellos corre el riesgo de no encontrar su propio camino, de recorrer el de otros -ser un mero escriba- o en el peor de los casos, no caminar nunca por el sendero de las letras.
Etiquetas: deseo, escritor, lector, libertad, literatura
Entrada más reciente Página Principal
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

Daniel dijo...
Muy buen texto,un saludo tio!
22 de abril de 2007 a las 16:59